Viviendo

“Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la Tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Además, el universo siempre está dispuesto a complacernos, por eso estamos rodeados de buenas noticias. Cada mañana es una buena noticia. Cada niño que nace es una buena noticia, cada cantor es una buena noticia, porque cada cantor es un soldado menos (…). Eso lo aprendí de mi madre que fue la primera buena noticia que conocí.

Se llamaba Sara y nunca pudo ser inteligente porque cada vez que estaba por aprender algo llegaba la felicidad y la distraía, nunca usó agenda porque sólo hacía lo que amaba, y eso se lo recordaba el corazón. Se dedicó a vivir y no le quedaba tiempo para hacer otra cosa.
De mi madre también aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede empezar de nuevo, ahora mismo, le puedes decir basta a la mujer (o al hombre) que ya no amas, al trabajo que odias, a las cosas que te encadenan a la tarjeta de crédito, a los noticieros que te envenenan desde la mañana, a los que quieren dirigir tu vida, ahora mismo le puedes decir “basta” al miedo que heredaste, porque la vida es aquí y ahora mismo.
Me he transformado en un hombre libre, es decir que mi vida se ha transformado en una fiesta que vivo, en todo el mundo, desde la austeridad del frío patagónico a la lujuria del Caribe, desde la lúcida locura de Manhattan al misterio que enriquece a la India, donde la Madre Teresa sabe que debemos dar hasta que duela (…).

Que nada te distraiga de ti mismo, debes estar atento porque todavía no gozaste la más grande alegría ni sufriste el más grande dolor. Vacía la copa cada noche para que Dios te la llene de agua nueva en el nuevo día.
Vive de instante en instante porque eso es la vida. Me costó 57 años llegar hasta aquí, ¿cómo no gozar y respetar este momento? Se gana y se pierde, se sube y se baja, se nace y se muere. Y si la historia es tan simple, ¿por qué te preocupas tanto?
No te sientas aparte y olvidado, todos somos la sal de la Tierra. En la tranquilidad hay salud, como plenitud dentro de uno. Perdónate, acéptate, reconócete y ámate, recuerda que tienes que vivir contigo mismo por la eternidad (…).

Si estás atento al presente, el pasado no te distraerá, entonces serás siempre nuevo. Tienes el poder para ser libre en este mismo momento, el poder está siempre en el presente porque toda la vida está en cada instante, pero no digas “no puedo” ni en broma porque el inconsciente no tiene sentido de humor, lo tomará en serio y te lo recordará cada vez que lo intentes.
Si quieres recuperar la salud abandona la crítica, el resentimiento y la culpa, responsables de nuestras enfermedades.
Perdona a todos y perdónate, no hay liberación más grande que el perdón, no hay nada como vivir sin enemigos. Nada peor para la cabeza y por lo tanto para el cuerpo, que el miedo, la culpa, el resentimiento y la crítica que te hace juez (agotadora y vana tarea) y cómplice de lo que te disgusta.
Culpar a los otros es no aceptar la responsabilidad de nuestra vida, es distraerse de ella.
El bien y el mal viven dentro de ti, alimenta más al bien para que sea el vencedor cada vez que tengan que enfrentarse. Lo que llamamos problemas son lecciones, por eso nada de lo que nos sucede es en vano.
No te quejes, recuerda que naciste desnudo, entonces ese pantalón y esa camisa que llevas ya son ganancia. Cuida el presente porque en él vivirás el resto de tu vida. Libérate de la ansiedad, piensa que lo que debe ser será, y sucederá naturalmente”.

Facundo Cabral

Dar en la diana

"He pasado toda mi vida en tensión, como un arco; pero nunca he sabido a dónde apuntar y lanzar la flecha"
Jean Serment
¿Cómo vamos a conseguir dar en la diana si nunca nos atrevemos a lanzar la flecha?
Si aún no perdiste ninguna (flecha) por el camino significará que todavía no has intentado, ni siquiera, acercarte a la diana de tu vida. Sea cual sea. ¿Esperas acertar a la primera?
Apunta y lanza ya. ¿Qué vas a perder si fallas? ¿Una flecha? Mira a tu espalda, seguro que aún tienes guardadas otras muchas... otras muchas oportunidades para disparar y dar en el centro.

¿Dios?

"Yo no puedo ser religioso ni creer en dios. Prefiero la filosofía, la lógica, la razón, pues no puedo poseer al mismo tiempo lo evidente y lo incomprensible".

Pierre Bayle.

"La imposibilidad en que me encuentro de probar que Dios no existe, me prueba su existencia".

Jean de la Bruyere

"La religión es un consuelo, consuela como las drogas, como el alcohol y como los analgésicos, y como todos estos consoladores, limita la actividad cerebral e impide pensar. Por eso la gente busca la religión".

Daniel Pérez.

"Dios es el gran silencio del infinito. El mundo entero habla de Él y para Él. Nada de lo que se diga lo representa tan bien como su silencio y su calma eterna".

Eliphas Lévi

"Me desconcierta tanto pensar que Dios existe, como que no existe".

Gabriel García Márquez.

Sonría

"Comienza tu día con una sonrisa, verás lo divertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo."

(Mafalda)

Cualquiera puede enfadarse

“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”.

(Aristóteles)

El otro día leí (en el blog: zaranguenado por las esquinas) que hace unos meses se había impartido en Valencia un taller que llevaba por título: “Usted puede enfadarse si sabe cómo”.

Maite Descalzo y Sergio Hunguet (del Instituto de Terapia Gestalt de Valencia) muestran que un enfado es, simplemente, el fruto de una frustración. Es decir, hay una necesidad que no ha sido cubierta y que se pone de manifiesto a través del enojo.

Pero esto, como todo, también tiene su parte buena, ya que se puede entender como una energía sana que surge para resolver una necesidad.

A menudo creamos en “el otro” la obligación de descubrir nuestras necesidades, le acusamos de lo que nos pasa, ya que es más fácil pensar que los demás tienen la culpa porque no nos entienden que asumir que nosotros no nos explicamos bien (si llegamos a hacerlo).

También el enfado puede ser utilizado como la forma de hacerse presente, de expresarnos y de constatar que los demás nos escuchan, de reafirmar nuestra posición en el mundo… En definitiva, “el modo de corroborar nuestra existencia”, dicen los expertos.

Esto del enfado es algo complicado… dejar escapar la rabia con demasiada frecuencia es tan dañino como fingir que nada nos importancia.

Ya lo decía Aristóteles, cualquiera puede enfadarse, pero con la persona, en el grado, momento, modo y propósito exacto no es tan sencillo.

¿Cuántas veces nos enfadamos con quien menos culpa tiene? ¿Cuántas veces acumulamos las cosas que no nos gustan y “saltamos” en el momento menos oportuno? ¿Cuántas veces montamos una discusión enorme de simples tonterías? A veces nuestras reacciones no se corresponden con el tamaño de los actos que las han provocado. Marco Aurelio lo decía así: “piensa cuanto más dolorosas son las consecuencias de tu ira que las acciones que la han originado”.

Hay personas que se escudan en decir que el enfado es ya parte inherente de su personalidad. No, perdona. Yo les diría que se confunden. En esta vida a todo se aprende y, porque no, también a enfadarse.

Usted puede enojarse, claro. Está en su derecho. Pero hazlo sólo si sabes cómo.