¿Tan lejos...?



No hay nada mejor que situarse en las alturas para poner a prueba el vértigo. Subir a toda velocidad sin pararse a pensar en la caída.  
Entre tanta distancia la libertad confluye con el riesgo. Es el punto donde la levedad puede convertirse en impacto; donde el aire resquebraja, agrieta. 
Acostumbrados a andar en llano debe ser normal que cuesten las alturas. Desde aquí todo es diferente. Es difícil enfocar. Nada es lo que parece.
La serenidad de los pies en la tierra, la seguridad de la sencillez, los caminos andados desde aquí no se alcanzan. La grandeza ahora es diminuta. Y la perspectiva lo único que muestra son recovecos, dobleces y medianías. 

¿Me ves? ¿De verdad estamos tan lejos...?


* Imagen: http://ibytes.es/images/content/postimages/Vertigo_Tom_Ryaboi.jpg

Madurar es opcional

- Dime por qué no.
- Porque no me apetece.
- Eso no es una razón.
- No hay otra.
- Madura.


La gente entiende que madurar es cargarse de responsabilidades y sacarlas adelante. Si trabajas, estudias, compras el pan antes de llegar a casa, sobrevives a tu relación de pareja, escribes algo interesante de vez en cuando en Twitter y paseas al perro todos los días... ¡enhorabuena, has alcanzado el prototipo de persona madura, responsable e interesante! You win!
Ahora, una cuestión ¿cuánto de ti hay en todo lo que haces? Posiblemente, entre poco y nada. ¡Enhorabuena, de nuevo! Eres un perfecto mediocre.

La vida y sus prisas. La gente y su agobio. El trabajo y sus urgencias. El futuro y sus inseguridades...

Una de las tareas de la vida debería ser fabricar tu propio listado de sinónimos, buscar nuevos significados a las palabras, conformar tu punto de vista, tu propia perspectiva. Y hoy, mi diccionario me dice que madurar sólo es encontrar la ilusión a aquello que tienes que hacer. Si no la encuentras, no lo hagas. Posiblemente, no valga la pena.

No quiero ni sobrevivir, ni ganarme la vida. Sólo quiero elegir ilusionarme.


Madurar no es una necesidad. Madurar es una opción.


La vida se ríe de ti... y lo sabes

A veces la vida se ríe de ti ¿no te has dado cuenta?
Hay días que te sientes como a disgusto, molesta... como cuando se te olvida cortar la etiqueta de esa camiseta que estrenas. Es un no sé qué que te dice que algo no está dónde o cómo debería.

La vida se ríe de todo y de todos. Y ¡joder! lo hace bastante a menudo. Cuando quieres estabilidad, llegan cambios; cuando sueñas con proyectos, vienen monotonías; cuando algo te gusta, se acaba... ¿te suena? Y al igual que con esa etiqueta que se te olvidó cortar, tienes dos opciones: o te rascas (sin que eso evite que te siga molestando) o le pegas un bocado y la arrancas de cuajo.

Esta semana, en una de esas carcajadas que el mundo se pega a mi costa he descubierto algo genial: la vida se ríe de ti sólo para que no la tomes tan en serio.
Ni se acabará el mundo si no terminas la tarea pendiente para hoy, ni la tierra se abrirá si dejas de cumplir tantas expectativas y exigencias. 

Tengo claro que las cartas de hoy no van a definir la partida de mi vida, así que mejor disfrutar y jugar sin ases en la manga.

Quédate. O vete. Da igual... Siempre podrás volver o partir de nuevo.
   



 

Enseñanzas de Galeano


Que el desvelo sean mujeres y hombres atravesados en los párpados, en la garganta y, por qué no, en el alma. Desenvasar la vida provocando el amor con la sencillez del descuido y con la certeza siempre de la duda, esa que empuja a ser para cambiar cambiando lo que somos.

Caminar cayendo entre caídas para recorrer el mundo de Sur a Norte, porque no hay mejor Norte que el Sur. Caminos que se hacen con hombres que desprenden sueños y prenden la vida entre mares de fueguitos. Aprender a amar el agua, el aire, la tierra y el Misterio.


Atrapar la mirada con ojos de niño haciendo del amor tu propia guerra y beber de la libertad que da luchar en los frentes contra la tiranía del desamar.

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1. No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta

2. El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o el trago. Se puede provocar, pero no se puede impedir. 

3. Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.

4. Estamos en plena cultura del envase. El contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo y la misa más que Dios.

5. Para mí, las únicas certezas dignas de fe son las que desayunan dudas cada mañana.

6. El peine desprendía sueños, con todos sus personajes: los sueños salían del pelo y se iban al aire.

7. Si me caí, es porque estaba caminando. Y caminar vale la pena, aunque te caigas.

8. Desde el punto de vista del sur, el verano del norte es invierno. 


Eduardo Galeano 

  
Imagen: http://tapanco.files.wordpress.com/2013/01/galeano.jpg

Tiempo al tiempo

Tiempo al tiempo que mañana también es día y queda tanto por hacer que hay que pararse para poder llegar. Saborear la satisfacción tanto como la incertidumbre porque el mañana sólo es eso: mañana. Hoy aún hay sobre la mesa una hoja por escribir... o dibujar. ¿O hacemos un avión de papel y salimos a la ventana a probar si vuela?
Regodearse en las pequeñas alegrías y celebrarlas como grandes triunfos, esos que día a día construyen vida. Vidas que vives sin ser vividas ¿en serio? Seriedades absurdas de protocolos inciertos. Mejor... risas inoportunas que rompen deshielos. Revolver el desorden con puntos de vista indiscretos
Ellos también son buenos. Inténtalo. Las luchas mejor con uno mismo, aunque siempre acabes perdiendo. Salta. Siempre. Salta. Es la única forma de que crezcan las alas. Con rumbo, pero a todas partes. Solo, pero con todos dentro.